Por Jorge Pech Casanova

La pintora habla del paisaje

E. Pensaba yo en los cuadros que tienes en el Museo de los Pintores Oaxaqueños. Son cuadros que a mí me fascinaron porque la luz se mueve dentro de ellos, son escenas selváticas y su cualidad es que la luz se va moviendo sobre la superficie del cuadro como si uno estuviera realmente en ese lugar de la selva.

MRA. En este momento la luz es todo para mí, por lo tanto también la obscuridad. Las obras que viste en el museo son pura luz repartida en la obra de una manera muy pensada. Si tengo mucha luz en una esquina, debo pensar en la obscuridad en la otra esquina; si pongo elementos pequeños, debo pensar en uno muy grande que sostenga la mirada y la obra. Eso, si quieres hacer un cuadro figurativo que imite la visión de la Luz en la naturaleza. Porque pienso en Basquiat por ejemplo –que me encanta por cierto–: sus obras son planteamientos opuestos a los míos.

 

Por Jorge Pech Casanova

María Rosa Astorga nació en Santiago de Chile en 1966. Cuando era adolescente llegó a México, huyendo junto con su familia de la dictadura que arrasó al pueblo chileno a partir de 1973, y así fue como se quedó a residir en este país. Radicada en Oaxaca desde hace treinta años, ella formó parte del grupo de artistas que recientemente participaron en la exposición “Endemismos, arte contemporáneo y la Biósfera de Oaxaca”, exhibida de julio a agosto de 2018 en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO). En esta muestra colectiva, la obra de María Rosa Astorga destacó por no sólo por su gran formato o las cualidades de su meticulosa factura y composición,

Rodrigo Velázquez

 

El Arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara”

Jorge Luis Borges

Al Gnomo

Mi encuentro con Efraín Bartolomé nada tiene que ver con su posterior viaje a New York, (una ciudad en la cual ha disfrutado con anterioridad del primoroso teatro de Broadway), con el cumpleaños de su querida hija, o con el hecho de que se encontrara casi dos semanas después escuchando al famoso cineasta estadounidense Woody Allen tocar el clarinete en el Café Carlyle en Manhattan. Pero al enterarme de este último acontecimiento no podía hacer menos que mencionarlo en mi redacción para que los futuros lectores de esta carta se dieran por enterados que le gusta el Jazz y que la intención en estas letras es reflejar un poco del comportamiento y el espíritu del poeta.

En la niñez tuve amigos que eran contadores de historias fantásticas, éramos caminantes y vagabundeábamos por los barrios misteriosos, por las zonas marginales y también por las montañas y los ríos… cosa curiosa: éramos lectores adelantados y jugadores de baloncesto. Un día de tantos un “muchachillo” de la pandilla me prestó un volumen de tapas oscurecidas, al tomarlo entre mis manos y al leer el título, fíjate que eran los Cuentos e Historias Extraordinarias de Edgar Allan Poe. Eso fue maravilloso. Devoré el libro de una largada y poco a poco comencé a entrar en una especia de “mundo mágico”, de “realidad paralela”, ahí comencé a sentir una vibración muy especial, la misma que experimento en la actualidad cuando estoy frente a un texto lúcido, una pintura de gran factura, con musicalidad, ritmo, etc… Esas lecturas góticas, llenas de sensibilidad poética y psicosis, de magia, misterio y horror, seguro que marcaron mi gusto por la poesía, el arte, la literatura. No recuerdo los límites o fronteras, si me dedicaría a la literatura o llanamente fue un encuentro de realización, de afirmación, desde siempre.
 
 
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Edgar Armando Córdova García

El pasado mes de julio se organizó, en la ciudad de Durango, el  Encuentro Internacional de Escritores “José Revueltas”. Uno de los temas que más llamó la atención de la opinión pública fue el eje de discusión: Literatura y violencia. Se organizó una mesas redonda entre escritoras, periodistas e investigadores con el objetivo  hacer visibles las perspectivas de la violencia desde las voces que pueblan a la literaturay a sus lectores. Esta conversación está tiene su origen en esta mesa.

Por: Martín Caparrós (15 de mayo de 2017)

 

Este martes 16 de mayo, don Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, que solo necesitó doscientas páginas para convertirse en uno de los grandes de la lengua, habría cumplido cien años. Hace ya 34, en Buenos Aires, pude entrevistarlo. Quiero recordar aquel momento.

 

El señor Juan Rulfo es mexicano, tiene 65 años y trabaja como editor de obras científicas en el Instituto Nacional Indigenista. Esta tarde está vestido con un traje de excelente alpaca gris y es bajito, un poco encorvado, un aspecto pequeño. El señor Rulfo ha escrito dos libros: uno de cuentos, El llano en llamas, y una novela, Pedro Páramo, editados en 1953 y 1955; cada uno de ellos ha vendido millones de ejemplares en castellano y están traducidos a –digamos– infinidad de lenguas: es inquietante la infinidad de lenguas.

Por Jorge Boccanera*

1- ¿Cómo surgió BM (Blanco Móvil) y que balance haces después de 20 años?

La revista nace en el ámbito de la librería Gandhi. El proyecto unificó el interés de los futuros lectores, los clientes de la librería y una visión de acercamiento literario de la publicación. Los primeros números eran dedicados a escritores, con breve análisis de su obra y una muestra ejemplar de su obra. Entre los escritores elegidos estaban Julio Cortázar. Roa Bastos, Camilo José Cela, Agustín Yañez, José Revueltas, Juan Rulfo, Milán Kundera, y otros. Posteriormente pasamos a realizar números temáticos que fueron desde un acercamiento al cuento hondureño, la literatura del samizdat en la extinguida URSS, la narrativa brasileña, la japonesa, entre tantos otros. Desde esos momentos se expresó la concepción editorial de Blanco Móvil, la cual se enfoca en presentar al lector mexicano nuevas ventanas de interés hacia literaturas poco conocidas, para ampliar la visión del lector y hasta de los propios escritores en México.

Numero actual

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