Aralia López González

 

Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir (1908-1986), nació el 9 de enero de 1908 en el Montparnasse, entre famosos cafés donde se reunían Modigliani y Picasso, y la fiebre modernizadora de los tranvías de vapor y de los nuevos edificios urbanos. Fue hija de Française Brasseur y de Georges Bertrand de Beauvoir, ambos provenientes de familias de la alta sociedad de banqueros, aunque luego venidas a menos. La brillante vida social es interrumpida por la guerra de 1914 -1918, y sufren estrecheces económicas. 

Guillermo Samperio

 

Eran las nueve de la noche en la oscuridad que ascendía sobre los edificios del Distrito Federal. Buena parte de los comercios yacían en la penumbra, mientras otros empezaban a cerrar. Las oficinas se encontraban también en silencio, con la ausencia del tráfago de papeles y papelitos, sin el ruido de las máquinas de escribir ni el del timbreteo de los teléfonos. Soledad y mutismo entre escritores y anaqueles tristes; las tazas del café desperdigadas por los amplios locales como si sus dueños las hubieran abandonado de súbito debido a alguna urgencia inexplicable, como si la vida hubiera renunciado a prolongarse en aquellos recintos.

José Manuel Pintado

 

Hago un nostálgico recuento de las revistas literarias -que a estas alturas parecen gestas heroicas- y me topo con el número Cero de Blanco Móvil, la revista que con tanto tesón ha mantenida viva Eduardo Mosches y que ahora ve su versión digital gracias a Andrés Cisneros de la Cruz, que corresponde al mes de julio de 1985, en el que Gonzalo Celorio narra su primer desencuentro con Julio el grande, el gran Julio Cortázar, que se pasea enorme entre los corredores alfombrados del Hotel Del Prado. El artículo de Gonzalo Celorio me adentra de golpe y porrazo a un pliegue del tiempo por el que, al igual que él, deambulo yo también por los pasillos alfombrados del Hotel Del Prado en busca del legendario autor de Rayuela para poder entrevistarlo.

Jair Contreras

 

La violencia es un recurso de los animales para imponer un orden o una forma que el hombre tiene para desahogar su impotencia. Sin embargo, incluso los animales utilizan la violencia como último recurso, antes están una serie de signos y códigos que advierten, persuaden o convencen de evitar el conflicto. Las posiciones, movimientos y sonidos son un lenguaje de la socialidad y la negociación entre los animales, la lógica entre ellos es la sobrevivencia, por eso sólo atacan en los términos de lo necesario, para alimentarse o defenderse, en un medio en el que toda energía es preciada, y por eso mismo, cuidada.

Françoise Roy

 

Una de las novedades poéticas del año en traducción es sin lugar a dudas el poemario “No calmes los dragones”, del ya conocido poeta quebequense Jean-Marc Desgent. La versión original, “Ne calme pas les dragons”, se publicó bajo el sello de Les éditions de La Grenouillère en 2014. La versión en castellano, disponible ahora para los lectores en México (traducción mía), es una coedición entre Literalia editores, editorial independiente domiciliada en Guadalajara, y la casa editorial antes mencionada, radicada en Montreal, Canadá, que publicó la versión original en francés. El poemario ya está a la venta en Guadalajara en librerías Gonvill, Gandhi y varias librerías pequeñas de la entidad. Se puede obtener también comunicando con editorial Literalia.  

Julieta Jaramaro

 

Si tuviera que definir a Hugo Gutiérrez Vega (Guadalajara, 1934) lo definiría con el epígrafe de Manrique que abre el poema "Mujer dormida": Nuestras vidas son los ríos...

Porque pareciera que en Gutiérrez Vega la vida es así: tiene la fluidez de un río que viaja al mismo ritmo del corazón que palpita.

Mujer dormida es testigo de ello: poema de treinta y cuatro versos que abrazan de manera fluida no a la mujer que duerme, sino al hombre que es testigo de ello y devela cada instante que ocurre en ella.

Jesús Blas Hernández y Arturo Allende González

 

El pasado 30 de septiembre del año en curso, teniendo como marco el majestuoso Palacio de Bellas Artes, máximo escenario de las expresiones culturales en México, en la acogedora Sala Adamo Boari, se llevó a cabo la presentación del libro Museo de Esperpentos y Ensayos en Prosa bárbara Josué Mirlo, cuya selección poética y curaduría analítica, estuvo a cargo de Andrés Cisneros de la Cruz.

Fernando Corona 

 

Celebro a una poeta que me mienta la madre como humano venido a menos, venido a sombra y sueño roto, una que rasga y no acaricia mis oídos amansados, que habla desde la entraña y no desde los labios enmielados, que entiende su labor porque le duele el mundo y no por un llamado desde los buenos destinos de las excelsas conciencias ciudadanas. En Gloria pulsa una poesía que no está hecha para el aplauso. Seré más claro: amerita el aplauso y me levantaré a entonarlo porque es un reconocimiento, pero nunca porque simple y llanamente nos abran sus versos al cómodo entretenimiento de una tarde de sábado.

Malú Huacuja

 

El pueblo de San Satanás está ubicado al centro de un laberinto de vecindades que, en su conjunto, integran la célebre Colonia Zaldívar, aquí, en el Distrito Federal. Pese a que la Colonia es ampliamente conocida debido a su azarosa y complicada topografía, poco se sabe de la existencia de San Satanás. Casi todos los habitantes de dicho pueblo son usureros. Se dedican a lucrar con baratijas que desesperadamente ofrecen, a modo de empeño, las damas de las diversas vecindades. El dinero que circula en aquella zona y sus alrededores es, generalmente, producto de un préstamo. Los usureros lo conceden a cambio de bisutería. No siempre había ocurrido así. Fue a partir del crack del ’87 que su negocio triunfó vertiginosamente.

María Stoopen

 

No sólo hombre de amplísima experiencia –su biografía se lee como novela de aventuras-, Miguel de Cervantes fue un lector voraz. Como tal, se paseó por la Antigüedad clásica en traducciones –Ovidio, Virgilio, Horacio-; por la Biblia –en particular los Evangelios-; por San Agustín, Erasmo y otros humanistas; por la poesía tradicional -cancioneros y romanceros-, la de cuño italianizante y la heroica culta; por la Tragicomedia de Calixto y Melibea; por relatos históricos y vidas de santos; por distintas manifestaciones narrativas –que en aquellos momentos no hallaban aún una denominación que las englobara-: aquella de los primeros años del Cristianismo, –Apuleyo y Heliodoro, conocida la de éste como bizantina-, la pastoril, la caballeresca, la picaresca, la novela propiamente dicha –que por entonces sólo era corta y de molde italiano-; por los espejos de príncipes, tratados de amores –divinos y humanos-; por las poéticas de Horacio y el Pinciano; por los refraneros, las misceláneas, las colecciones de adagios y apotegmas; libros en su mayoría leídos en lengua castellana y, probablemente, algunos en la toscana. Fue también apasionado espectador de comedias en los corrales, las que le despertaron la ambición de ser dramaturgo.

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