María Stoopen

 

No sólo hombre de amplísima experiencia –su biografía se lee como novela de aventuras-, Miguel de Cervantes fue un lector voraz. Como tal, se paseó por la Antigüedad clásica en traducciones –Ovidio, Virgilio, Horacio-; por la Biblia –en particular los Evangelios-; por San Agustín, Erasmo y otros humanistas; por la poesía tradicional -cancioneros y romanceros-, la de cuño italianizante y la heroica culta; por la Tragicomedia de Calixto y Melibea; por relatos históricos y vidas de santos; por distintas manifestaciones narrativas –que en aquellos momentos no hallaban aún una denominación que las englobara-: aquella de los primeros años del Cristianismo, –Apuleyo y Heliodoro, conocida la de éste como bizantina-, la pastoril, la caballeresca, la picaresca, la novela propiamente dicha –que por entonces sólo era corta y de molde italiano-; por los espejos de príncipes, tratados de amores –divinos y humanos-; por las poéticas de Horacio y el Pinciano; por los refraneros, las misceláneas, las colecciones de adagios y apotegmas; libros en su mayoría leídos en lengua castellana y, probablemente, algunos en la toscana. Fue también apasionado espectador de comedias en los corrales, las que le despertaron la ambición de ser dramaturgo.

Andrés Cisnegro

 

Argumentan que no estamos en épocas de transgredir nada. Porque el poeta se siente arriba de todo y piensa que ya superó los mitos, los tabúes, las leyes, y la lógica misma del orden. [Que el lenguaje ha generado su propia lógica, su propia ley, y en sí el tabú y el mito que se ejerce con sólo trazarse]. Que todas las transgresiones han sido ya instituidas o analizadas al grado de ser reproducidas, incluso, con método y estrategia.

Lazlo Moussong

 

Es como mirar fotos de los años treinta, cuarenta, todavía en sepia, preguntándose qué sentimientos y juegos de relaciones hay detrás de los gerundios cristalizados que dejan ver los protagonistas: Ivonne cortando flores en el jardín de la casa de Cuauhnáhuac; buganvilias cubriendo los brazos de Ivonne mientras las acomoda en un jarrón de barro; Hugh e Ivonne montando a caballo cuchichean al calor de sendas sonrisas; los tres caminando por la calle Humboldt para tomar el autobús a Tomalín; Firmin Geoffrey asomando por laventanilla del camión y detrás, sentados entre la penumbra Ivonne y Hugh conversando… cantinas: sus fachadas; los interiores con su infernal laya de parroquianos y cantineros mejicanos; sus exteriores con indios borrachos echados al sol, a la sombra de un árbol, sobre un caballo…, a veces, como fondo decorativo de intención ingenuamente dramático, asoman pedazos del Popocatépetl.

Numero actual

portadaCafé