Rocío García Rey

 

El próximo diciembre de este 2016 se cumple el centenario de nacimiento de Elena Garro (1916-1998). Tal hecho ha suscitado en algunas universidades y centros culturales, el interés por rescatar su obra. En esta ocasión me uno a dicho trabajo para recordar y comentar uno de los cuentos de la autora. No, en este caso no me voy a referir a “La culpa es de los tlaxcaltecas”, cuento señero de la autora. Este texto tomará como base, “Las cabezas bien pensantes”. Se trata de un cuento que forma parte del libro Andamos huyendo Lola, publicado en 1980.

Adán Echeverría

 

Algunos aullidos luego de Ginsberg y Maldoror

En el principio todo era el grito, y para poder entenderse se convirtió en palabra. Sobre esa palabra, que llamamos lenguaje, surge la comunicación apropiando la naturaleza como símbolo. La poesía es oralidad. De ahí el equívoco del término Poesía Sonora, al performance donde algunos gruñen como cerdos, pían como aves, y desde la guturalidad tienen pretensiones de ser los poetas que se creen percibir.

Adán Echeverría

 

¿Qué nos ha dejado la lectura de estos 12 autores nacidos en el sureste de este ombligo de la luna entre 1975 y 1996? Esperanza, libertad, diversidad, pluralidad. Un espacio para el reconocimiento de compartir las existencias. Reconocer al otro en el texto creativo. Porque es en la expresión escrita en donde la palabra dejará pasar el tiempo. Y es el tiempo el que al final pondrá en su lugar a todos los autores.

La península yucateca, es una planicie kárstica resultado de la meteorización de estas rocas calcáreas en que se sitúa el verde espacio de la selva subtropical. Los climas que nos brindan la vegetación permite que la mirada en una época viaje sobre paisajes verdes, lo mismo que para el espacio de los amarillos, cafés, y cálidos naranjas en que nos vamos presintiendo. Y desde Palizada, en lo más occidental de Campeche, hasta Chetumal, bajando por el Mar Caribe, y en aquellas islas que rodean la península, el universo es vasto. Sobre esta vastedad miran los ojos de los autores que nos abren el pecho y la pluma en esta ocasión. Y desde esa riqueza en que se distribuyen plantean sus esperanzas de comunicar el pensamiento, mediante la palabra escrita.

José Ángel Leyva

 

Umberto Eco afirma, con mucha razón, que el tonto del pueblo tiene voz en los espacios cibernéticos como lo puede tener un Premio Nobel. Y sí, las redes sociales abren espacio a los imbéciles, como lo hacen los celulares o móviles y uno escucha en el espacio público las conversaciones más banales que se pueda imaginar. Todos quieren ser vistos y escuchados, desde el vendedor ambulante y el empleado más humilde hasta el Ministro de Estado. La tecnología democratiza la estupidez. No hablamos, gritamos. El espacio público, como internet, se ruralizan y cada quien, sobre todo en sociedades menos reglamentadas y corruptas como la nuestra (México—puede ponerse el país de su elección), la trasgresión y la imposición de verdades individuales son norma de la selva.

Adán Echeverría

 

Los ideales de las publicaciones tienen siempre un tufo de soberbia, aunque su principal objetivo sea la comunicación y compartir ideas. Sabemos que algo que falta en la literatura mexicana es la crítica. La verdadera crítica, no la de manotazos en la mesa, ni la sólida defensa del camarada o de la amante en turno. La crítica pensada en los lectores, que diga, 'Yo veo esto en los textos, lee conmigo y verás'. Que sea pensada en los autores, en preguntarles ¿Por qué si puedes escribir cosas tan bellas, terminas escribiendo aquello que no tiene sentido?

Jotamario Arbeláez

 

Insisto en que hay que estar por la paz porque Colombia no tolera un entierro más, si es que aparece el cadáver. Medio siglo largo de una conflagración virulenta en que no se ha ganado nada y en cambio sí perdido vidas y plata, partiendo de una hipotética redención para el pueblo que es el que más ha sufrido, exige un punto final así sea doloroso por cuanto habrá que declinar el rigor del castigo en pos de la recuperación del aliento de vida.

Azucena Manjarrez

 

La violencia no sólo trunca vidas, se mimetiza con su gente, su cultura y su arte.

En Sinaloa hay violencia, leyes que no se cumplen, ajustes de cuentas, huérfanos, viudas, desaparecidos, vidas truncadas. Y se tratara de enumerarlos la lista sería interminable. Las páginas de los periódicos amanecen teñidas de rojo, un rojo profundo que nunca alcanza a llorarle a los más de 7 mil muertos, que van hasta el momento durante la gestión del Gobernador Mario López Valdez.

Eduardo Mosches

 

El cielo azul, un sol que en su tibieza  parecía de perfecta primavera, en este domingo de inicios de febrero en plena Barcelona. Eran casi las doce del mediodía y crucé a lo ancho la muy céntrica Plaza de Cataluyna., lugar donde se concentrarían los manifestantes para marchar en apoyo a los huelguistas de hambre , inmigrantes sin papeles, que se mantienen en encierro en ocho iglesias de la ciudad , en protesta por la llamada  Ley de Extranjería y por la obtención de papeles migratorios para todos.

Lina Alonso Castillo

 

Aunque Ceguera es un palabra que se ha colmado de una lucidez tremenda, el caso de Europa frente a los refugiados e inmigrantes sólo puede compararse con una pesada venda de olvido que devuelve al viejo y enfermo continente a los años de barbarie y horror, a un tiempo cada vez más servicial con el poder y la muerte. Vale la pena entonces recordar un texto certero y audaz: “La gran migración” (Alfaguara, 1992) de Hans Magnus Enzensberger. Un texto que  con más de veinte años recuerda en treinta y tres reflexiones una condición renegada al oprobio y el castigo para traspasar los límites invisibles de la tierra, hacerse acreedor de un pasaporte de vagabundo y portador de equipajes desprovistos de patria y  propiedad. Habla del inmigrante como del ciudadano universal de la historia.

Adán Echeverría

 

Sobre la poesía mexicana los apuntes necesariamente son varios en los terrenos de lo estético, y con la pretensión de abarcar toda la literatura se ha intentado contenerla mediante límites e imposiciones que no ganan nada en importancia, pero suman a la tradición lectora. Estos aparentes límites en que se intenta agrupar, tienen todo de visiones sociales, enfados políticos, y pretensiones de inclusión, y poco de valor más allá de la consecuente aspiracional de llegar a un mayor número de lectores, para lo cual siempre servirá el presupuesto, el mecanismo de los contactos sujetos en el tiempo, y las instituciones en que se demarquen. 

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