Julieta Jaramaro

 

Si tuviera que definir a Hugo Gutiérrez Vega (Guadalajara, 1934) lo definiría con el epígrafe de Manrique que abre el poema "Mujer dormida": Nuestras vidas son los ríos...

Porque pareciera que en Gutiérrez Vega la vida es así: tiene la fluidez de un río que viaja al mismo ritmo del corazón que palpita.

Mujer dormida es testigo de ello: poema de treinta y cuatro versos que abrazan de manera fluida no a la mujer que duerme, sino al hombre que es testigo de ello y devela cada instante que ocurre en ella.

Lazlo Moussong

 

Es como mirar fotos de los años treinta, cuarenta, todavía en sepia, preguntándose qué sentimientos y juegos de relaciones hay detrás de los gerundios cristalizados que dejan ver los protagonistas: Ivonne cortando flores en el jardín de la casa de Cuauhnáhuac; buganvilias cubriendo los brazos de Ivonne mientras las acomoda en un jarrón de barro; Hugh e Ivonne montando a caballo cuchichean al calor de sendas sonrisas; los tres caminando por la calle Humboldt para tomar el autobús a Tomalín; Firmin Geoffrey asomando por laventanilla del camión y detrás, sentados entre la penumbra Ivonne y Hugh conversando… cantinas: sus fachadas; los interiores con su infernal laya de parroquianos y cantineros mejicanos; sus exteriores con indios borrachos echados al sol, a la sombra de un árbol, sobre un caballo…, a veces, como fondo decorativo de intención ingenuamente dramático, asoman pedazos del Popocatépetl.

Fernando Corona 

 

Celebro a una poeta que me mienta la madre como humano venido a menos, venido a sombra y sueño roto, una que rasga y no acaricia mis oídos amansados, que habla desde la entraña y no desde los labios enmielados, que entiende su labor porque le duele el mundo y no por un llamado desde los buenos destinos de las excelsas conciencias ciudadanas. En Gloria pulsa una poesía que no está hecha para el aplauso. Seré más claro: amerita el aplauso y me levantaré a entonarlo porque es un reconocimiento, pero nunca porque simple y llanamente nos abran sus versos al cómodo entretenimiento de una tarde de sábado.

Andrés Cisnegro

 

Argumentan que no estamos en épocas de transgredir nada. Porque el poeta se siente arriba de todo y piensa que ya superó los mitos, los tabúes, las leyes, y la lógica misma del orden. [Que el lenguaje ha generado su propia lógica, su propia ley, y en sí el tabú y el mito que se ejerce con sólo trazarse]. Que todas las transgresiones han sido ya instituidas o analizadas al grado de ser reproducidas, incluso, con método y estrategia.

María Stoopen

 

No sólo hombre de amplísima experiencia –su biografía se lee como novela de aventuras-, Miguel de Cervantes fue un lector voraz. Como tal, se paseó por la Antigüedad clásica en traducciones –Ovidio, Virgilio, Horacio-; por la Biblia –en particular los Evangelios-; por San Agustín, Erasmo y otros humanistas; por la poesía tradicional -cancioneros y romanceros-, la de cuño italianizante y la heroica culta; por la Tragicomedia de Calixto y Melibea; por relatos históricos y vidas de santos; por distintas manifestaciones narrativas –que en aquellos momentos no hallaban aún una denominación que las englobara-: aquella de los primeros años del Cristianismo, –Apuleyo y Heliodoro, conocida la de éste como bizantina-, la pastoril, la caballeresca, la picaresca, la novela propiamente dicha –que por entonces sólo era corta y de molde italiano-; por los espejos de príncipes, tratados de amores –divinos y humanos-; por las poéticas de Horacio y el Pinciano; por los refraneros, las misceláneas, las colecciones de adagios y apotegmas; libros en su mayoría leídos en lengua castellana y, probablemente, algunos en la toscana. Fue también apasionado espectador de comedias en los corrales, las que le despertaron la ambición de ser dramaturgo.

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PORTADA BM 136 137