Adán Echeverría


Mucho se ha escrito sobre la obra de Clarice Lispector por lectores especialistas, y sin embargo, aún este año 2017, su obra no es tan leída en México como la de algunos otros narradores y narradoras del sur del continente americano: Cortázar, Borges, Allende, Quiroga, Onetti, Donoso; el idioma en que ella escribió (portugués), pudiera ser esa barrera para que su obra no haya llegado a todos los rincones de México, país desde donde escribo, desde mediados del siglo XX, como la de los autores mencionados. Sin embargo hay que reconocer que otros muchos autores en lengua portuguesa sí son leídos: Eça de Queiroz, Saramago, Pessoa, pero no Lispector. Repito, Lispector no es tan leída en México como debiera serlo (y no hablo de lectura academicista, ni de lectores de manga ancha, que seguro la conocen, sino de las lecturas que deberían hacer los jóvenes lectores, los que trabajaban en oficinas, los que busca la lectura para entretenerse y se apuran en las ferias de libro para acceder a los libros que se recomiendan), porque el poder que ha otorgado a su pluma, bien vale una revisión sesuda de todo su trabajo.
Nacida en Ucrania en 1920, y llevada al Brasil de apenas dos meses de edad, han hecho que su obra como su vida sea totalmente sur americana; vivió su infancia en la ciudad de Recife, como ella misma dejara escrito en uno de mis cuentos favoritos, titulado "Felicidad clandestina", un cuento en donde la niña lectora narra la emoción que le causa, y siente, por la posibilidad de tener ya en su manos el objeto de su deseo: un libro de Monteiro Lobato, "un libro para quedarse a vivir con él".

Hermann Bellinghausen

*

Cual aves de mal agüero los policías entran a los cafés. Se ponen anchos, como los zanates en los parques. Ocupan espacio con sus chamarras y chalecos antibalas. A los presentes les entran ganas de cambiar de rama, bajan la voz, aguantan vara. Unos mejor se pasan a otra fonda.

   Las patrullas afuera, estacionadas.

Ricardo Sevilla

El jovencito Paul Claudel es un poeta ateo, glotón y altanero. Durante su adolescencia lee con admiración a Baudelaire, y cuando conoce a Rimbaud se deja embelesar por la lectura de Une saison en enfer. En lo que se refiere a cuestiones estéticas, le agradan las expresiones sofisticadas y, lo más pronto que puede, corre a buscarse un lugarcito entre los discípulos de Mallarmé.

Alma Karla Sandoval

Nicaragua 2008. Una docena de mujeres protestan en el Festival Internacional de Poesía que cada año se celebra en Granada. Juntas, organizan un desfile que escandalizó a varios. A la declaración de ese grupo de poetas, narradoras y feministas autónomas, se le llamó La Franja. No había ocurrido aún el golpe de estado en Honduras ni el atroz asesinato de Berta Cáceres, pero aquella resistencia estaba lista, esperando, fatalmente, lo que podría suceder. Recuerdo la posición de varios compañeros poetas que se burlaban de esas mujeres dialogantes y encendidas. Los bardos aseguraban que exagerábamos, que pretendíamos convertir la fiesta de la Literatura en un mitin. Y eso que aún no sabíamos de Ayotzinapa, de la tragedia guatemalteca en un orfanato parecido al infierno.

Alma Miranda Alamilla

 

Todo aparenta a que será un crepúsculo  común en Torno Largo. Sus calles siguen rotas,  el agua de la rio llena  sus cóncavos, los perros ya se han despertado y van de un lado a otro esperando a sus amos a que regresen del mar, los chaquistes bailan junto con los mosquitos debajo de las lámparas, son las cuatro de la mañana y Luis tiene que levantarse más temprano de lo que ya se había acostumbrado. El trabajo en las compañías subcontratistas de PEMEX es cada vez menor y el ya no pertenece ahí.

Luis Hernández Navarro

 

Faltaba más!, respondía invariablemente Juan Bañuelos, cuando el mesero le preguntaba si quería postre, al tiempo que sonreía con malicia e inclinaba el rostro hacia la derecha. Y añadía, mientras sus ojos echaban pequeñas chispas después de un travieso silencio: yo soy un poeta postrero... Tráigame la tarta de Santiago.

Francesca Gargallo Celentani

Ciudad de México, 20 de diciembre de 2016

Mirad cómo se ríen y cómo me señalan

Porque lo digo así: (Las ovejitas balan

Porque ven que una loba ha entrado en el corral

Y saben que las lobas vienen del matorral).

Alfonsina Storni

 

Hace un par de meses, mi amiga Eve Gil publicó un extenso -y tupido- artículo sobre las escritoras mexicanas. Reseñó en él libros realmente desconocidos, dio nombres de mujeres cuya existencia ignoraba, me abrió al deseo de volver a leer literatura después de años y años en que mis lecturas fueron básicamente filosóficas, históricas y de testimonios. Claro, nunca dejé de leer los increíbles escritos de Cristina Rivera Garza (no sólo sus novelas) y descubrí a Sara Uribe, actualmente dos de mis escritoras favoritas, durante estos años, pero no me dejaba ir en esa actividad feliz que es comprar libros y gozarlos sin más. Así que en la Feria del Libro de Oaxaca me compré libros de Liliana Blum, entre ellos el gangrenoso Pandora, que me atrajo por el mórbido placer del embuche, tragazón y engullimiento, placer que toda persona con antecedentes de bulimia reconoce como la atracción fatal, y que me provocó rechazo por la descripción de todas las mujeres como enemigas, un tópico recurrente de la banalización política de las relaciones que buscan la construcción de algo diferente a la competencia capitalista de corte patriarcal. Compré asimismo la maravillosa e inesperada novela de la sonorense María Antonieta Mendívil A ras de vuelo, la historia que hace de varios personajes y una pasión-condena –la del vuelo- el lente a través del cual se vislumbran cuatro décadas de revolución verde, de desastre ecológico del agro mexicano, de corrupción y control de Estado a costa de campesinos mestizos. Me felicité enormemente de haber conocido así a Mendívil, de la que en una librería de viejo descubrí luego un poemario intenso: Llama, lleno de referencias a la tierra, a las formas humanas que en fractales nos evocan personas y sensaciones, como la nuca, presencia y ausencia.

Pilar Calveiro Garrido

Personalmente no creo que estemos en un contexto de guerra aunque sí de extraordinarias violencias que es preciso resistir y pensar bajo otras categorías. Las guerras son luchas armadas entre dos o más naciones o entre bandos de una nación, que persiguen la eliminación física del otro, lo cual no refleja la situación del México actual.

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