Jotamario Arbeláez

 

Insisto en que hay que estar por la paz porque Colombia no tolera un entierro más, si es que aparece el cadáver. Medio siglo largo de una conflagración virulenta en que no se ha ganado nada y en cambio sí perdido vidas y plata, partiendo de una hipotética redención para el pueblo que es el que más ha sufrido, exige un punto final así sea doloroso por cuanto habrá que declinar el rigor del castigo en pos de la recuperación del aliento de vida.

Françoise Roy

 

Una de las novedades poéticas del año en traducción es sin lugar a dudas el poemario “No calmes los dragones”, del ya conocido poeta quebequense Jean-Marc Desgent. La versión original, “Ne calme pas les dragons”, se publicó bajo el sello de Les éditions de La Grenouillère en 2014. La versión en castellano, disponible ahora para los lectores en México (traducción mía), es una coedición entre Literalia editores, editorial independiente domiciliada en Guadalajara, y la casa editorial antes mencionada, radicada en Montreal, Canadá, que publicó la versión original en francés. El poemario ya está a la venta en Guadalajara en librerías Gonvill, Gandhi y varias librerías pequeñas de la entidad. Se puede obtener también comunicando con editorial Literalia.  

Eduardo Mosches

 

El cielo azul, un sol que en su tibieza  parecía de perfecta primavera, en este domingo de inicios de febrero en plena Barcelona. Eran casi las doce del mediodía y crucé a lo ancho la muy céntrica Plaza de Cataluyna., lugar donde se concentrarían los manifestantes para marchar en apoyo a los huelguistas de hambre , inmigrantes sin papeles, que se mantienen en encierro en ocho iglesias de la ciudad , en protesta por la llamada  Ley de Extranjería y por la obtención de papeles migratorios para todos.

Jesús Blas Hernández y Arturo Allende González

 

El pasado 30 de septiembre del año en curso, teniendo como marco el majestuoso Palacio de Bellas Artes, máximo escenario de las expresiones culturales en México, en la acogedora Sala Adamo Boari, se llevó a cabo la presentación del libro Museo de Esperpentos y Ensayos en Prosa bárbara Josué Mirlo, cuya selección poética y curaduría analítica, estuvo a cargo de Andrés Cisneros de la Cruz.

Adán Echeverría

 

Sobre la poesía mexicana los apuntes necesariamente son varios en los terrenos de lo estético, y con la pretensión de abarcar toda la literatura se ha intentado contenerla mediante límites e imposiciones que no ganan nada en importancia, pero suman a la tradición lectora. Estos aparentes límites en que se intenta agrupar, tienen todo de visiones sociales, enfados políticos, y pretensiones de inclusión, y poco de valor más allá de la consecuente aspiracional de llegar a un mayor número de lectores, para lo cual siempre servirá el presupuesto, el mecanismo de los contactos sujetos en el tiempo, y las instituciones en que se demarquen. 

Malú Huacuja

 

El pueblo de San Satanás está ubicado al centro de un laberinto de vecindades que, en su conjunto, integran la célebre Colonia Zaldívar, aquí, en el Distrito Federal. Pese a que la Colonia es ampliamente conocida debido a su azarosa y complicada topografía, poco se sabe de la existencia de San Satanás. Casi todos los habitantes de dicho pueblo son usureros. Se dedican a lucrar con baratijas que desesperadamente ofrecen, a modo de empeño, las damas de las diversas vecindades. El dinero que circula en aquella zona y sus alrededores es, generalmente, producto de un préstamo. Los usureros lo conceden a cambio de bisutería. No siempre había ocurrido así. Fue a partir del crack del ’87 que su negocio triunfó vertiginosamente.

Aralia López González

 

Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir (1908-1986), nació el 9 de enero de 1908 en el Montparnasse, entre famosos cafés donde se reunían Modigliani y Picasso, y la fiebre modernizadora de los tranvías de vapor y de los nuevos edificios urbanos. Fue hija de Française Brasseur y de Georges Bertrand de Beauvoir, ambos provenientes de familias de la alta sociedad de banqueros, aunque luego venidas a menos. La brillante vida social es interrumpida por la guerra de 1914 -1918, y sufren estrecheces económicas. 

Guillermo Samperio

 

Eran las nueve de la noche en la oscuridad que ascendía sobre los edificios del Distrito Federal. Buena parte de los comercios yacían en la penumbra, mientras otros empezaban a cerrar. Las oficinas se encontraban también en silencio, con la ausencia del tráfago de papeles y papelitos, sin el ruido de las máquinas de escribir ni el del timbreteo de los teléfonos. Soledad y mutismo entre escritores y anaqueles tristes; las tazas del café desperdigadas por los amplios locales como si sus dueños las hubieran abandonado de súbito debido a alguna urgencia inexplicable, como si la vida hubiera renunciado a prolongarse en aquellos recintos.

José Manuel Pintado

 

Hago un nostálgico recuento de las revistas literarias -que a estas alturas parecen gestas heroicas- y me topo con el número Cero de Blanco Móvil, la revista que con tanto tesón ha mantenida viva Eduardo Mosches y que ahora ve su versión digital gracias a Andrés Cisneros de la Cruz, que corresponde al mes de julio de 1985, en el que Gonzalo Celorio narra su primer desencuentro con Julio el grande, el gran Julio Cortázar, que se pasea enorme entre los corredores alfombrados del Hotel Del Prado. El artículo de Gonzalo Celorio me adentra de golpe y porrazo a un pliegue del tiempo por el que, al igual que él, deambulo yo también por los pasillos alfombrados del Hotel Del Prado en busca del legendario autor de Rayuela para poder entrevistarlo.

Jair Contreras

 

La violencia es un recurso de los animales para imponer un orden o una forma que el hombre tiene para desahogar su impotencia. Sin embargo, incluso los animales utilizan la violencia como último recurso, antes están una serie de signos y códigos que advierten, persuaden o convencen de evitar el conflicto. Las posiciones, movimientos y sonidos son un lenguaje de la socialidad y la negociación entre los animales, la lógica entre ellos es la sobrevivencia, por eso sólo atacan en los términos de lo necesario, para alimentarse o defenderse, en un medio en el que toda energía es preciada, y por eso mismo, cuidada.