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En el Dé-efe sigue lloviendo. Y la primavera chilanga es tiempo para poner la hamaca bajo un tejado y sentarse a mirar la lluvia con el calorcito del café entre las manos; sentarse a mirar las calles tapizadas de jacarandas y a los hombres que las atraviesan queriendo evadir los charcos como si, al no mojarse los pies en ellos, evitaran también remojarse la vida en sus memorias.

 

Ahora que a la ciudad le da por llover, que a las jacarandas les da por caerse de hojas y que a los chilangos nos da por escondernos de los juegos de Ehecatl. Ahora, que se enturbian los ánimos de unos y los de otros se suman. Ahora, que el verano pareciera en la puerta con todo el calor y la agitación social. Ahora, sólo ahora.

 

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… desde niño, siempre, he tenido fiebre... no mucha; dos o tres décimas sobre la norma, pero bastaba para que cada semana me llevaran al doctor... me buscaron de todo... virus, bacterias, hongos, alergias, alienígenas y jamás encontraron nada que fuera causa de mi fiebre… sólo mi intrínseco y precoz deseo de molestar... al final la receta fue: — señora, deje de tomarle la temperatura —... fin de la fiebre... de entonces para acá mi relación con los doctores ha sido múltiple y variada... tuve un cardiólogo cuya asistente era igualita a Natalie Portman y hacía que todos los electrocardiogramas salieran alterados...

 

 

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La epistemología Mè’phàà está presente en la vida cotidiana, de ahí se parte para hablar sobre el concepto de “verdad”, que ha servido como ideología en la colonización de las culturas mesoamericanas,  misma que está expresada en los pensamientos filosóficos del ser o no ser, donde al pensamiento indígena lo sitúan en el horizonte epistémico del  no ser; particularmente en México ser indio cobra sus propios matices, trae consigo una ideología que marca la diferencia entre culturas,  el ser y no ser, los que tienen la verdad y los que no.

 

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Hace un año estaba Arbey sentado afuera de la cabaña en Tziscao, chela en mano. A un par de metros estábamos otros sentados, mirando todos hacia el mismo sitio y en silencio mientras el lago reflejaba toda la luz que habían sido los últimos días. Nos quedaba una última noche, una fogata, un montón de papeles y de palabras para compartirnos.

 

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...la corrupción te mata... te mata cuando estás en un hospital público y no hay medicinas, ni equipos, ni doctores, ni enfermeras, ni sábanas, ni una chingada que haga que aquello parezca un hospital... y te mueres... y te mata cuando tienes tu puesto en el mercado y viene un matón que antes era policía a pedirte dinero y le dices que no... y te mata... 

 

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Chocolate de agua bien batido, con molinillo. Oaxaca se extiende a lo largo y ancho del valle. Hay que cruzar la cuidad, con su líneas e intersecciones de metros y metrobuses; hay que cruzar el bosque y mirar los cerros en el horizonte; hay que mirar los volcanes custodiándonos y recordar que este país vive en el cinturón de un fuego que de milenio en milenio vuelve a alzarse en un nuevo volcán, éste que somos. Hay que cruzar los cerros, de curva en curva, subirlos y bajarlos al otro lado, luego: Oaxaca. 
 
 
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…tres décadas después todo es distinto... los solemnes guardias de la entrada han sido sustituidos por dos guapas edecanes (eso no tiene nada de malo) que te obsequian un infamante bicornio napoleónico hecho de cartón y te invitan, entusiastas, a ponértelo antes de entrar... — que no decaiga el ánimo, esto será una tumba pero la alegría no se puede perder— ...y allá va un tropel de alegres turistas, grandes y chicos, con su gorrito de aquí para allá toqueteando todo, buscando un trozo de mármol un poco suelto para llevarse a casa y sacándose selfies con el catafalco del infortunado Napoleón... a la salida hay una tienda de souvenirs que vende figuras del emperador metiendo y sacando la mano de su casaca que hacen las delicias de los niños...

 

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“Horal”, es breve, conciso y determinante. Hay claridad en los versos que también son contundentes, se conforma de 8 versos, principalmente hexasílabos; la presencia del aire y el agua apenas dan parámetros para saber que se utilizarán posteriormente. Pero lo más importante es que al ser uno de los primeros poemas pone sobre la mesa la noción de nada, la vacuidad, la nostalgia o zozobra por un vacío que despierta sed, que calla, es abierto, se vacía y se llena constantemente.

 

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