Alma Miranda Alamilla

 

Todo aparenta a que será un crepúsculo  común en Torno Largo. Sus calles siguen rotas,  el agua de la rio llena  sus cóncavos, los perros ya se han despertado y van de un lado a otro esperando a sus amos a que regresen del mar, los chaquistes bailan junto con los mosquitos debajo de las lámparas, son las cuatro de la mañana y Luis tiene que levantarse más temprano de lo que ya se había acostumbrado. El trabajo en las compañías subcontratistas de PEMEX es cada vez menor y el ya no pertenece ahí.

Adán Echeverría

 

Los ideales de las publicaciones tienen siempre un tufo de soberbia, aunque su principal objetivo sea la comunicación y compartir ideas. Sabemos que algo que falta en la literatura mexicana es la crítica. La verdadera crítica, no la de manotazos en la mesa, ni la sólida defensa del camarada o de la amante en turno. La crítica pensada en los lectores, que diga, 'Yo veo esto en los textos, lee conmigo y verás'. Que sea pensada en los autores, en preguntarles ¿Por qué si puedes escribir cosas tan bellas, terminas escribiendo aquello que no tiene sentido?

Francesca Gargallo Celentani

Ciudad de México, 20 de diciembre de 2016

Mirad cómo se ríen y cómo me señalan

Porque lo digo así: (Las ovejitas balan

Porque ven que una loba ha entrado en el corral

Y saben que las lobas vienen del matorral).

Alfonsina Storni

 

Hace un par de meses, mi amiga Eve Gil publicó un extenso -y tupido- artículo sobre las escritoras mexicanas. Reseñó en él libros realmente desconocidos, dio nombres de mujeres cuya existencia ignoraba, me abrió al deseo de volver a leer literatura después de años y años en que mis lecturas fueron básicamente filosóficas, históricas y de testimonios. Claro, nunca dejé de leer los increíbles escritos de Cristina Rivera Garza (no sólo sus novelas) y descubrí a Sara Uribe, actualmente dos de mis escritoras favoritas, durante estos años, pero no me dejaba ir en esa actividad feliz que es comprar libros y gozarlos sin más. Así que en la Feria del Libro de Oaxaca me compré libros de Liliana Blum, entre ellos el gangrenoso Pandora, que me atrajo por el mórbido placer del embuche, tragazón y engullimiento, placer que toda persona con antecedentes de bulimia reconoce como la atracción fatal, y que me provocó rechazo por la descripción de todas las mujeres como enemigas, un tópico recurrente de la banalización política de las relaciones que buscan la construcción de algo diferente a la competencia capitalista de corte patriarcal. Compré asimismo la maravillosa e inesperada novela de la sonorense María Antonieta Mendívil A ras de vuelo, la historia que hace de varios personajes y una pasión-condena –la del vuelo- el lente a través del cual se vislumbran cuatro décadas de revolución verde, de desastre ecológico del agro mexicano, de corrupción y control de Estado a costa de campesinos mestizos. Me felicité enormemente de haber conocido así a Mendívil, de la que en una librería de viejo descubrí luego un poemario intenso: Llama, lleno de referencias a la tierra, a las formas humanas que en fractales nos evocan personas y sensaciones, como la nuca, presencia y ausencia.

Azucena Manjarrez

 

La violencia no sólo trunca vidas, se mimetiza con su gente, su cultura y su arte.

En Sinaloa hay violencia, leyes que no se cumplen, ajustes de cuentas, huérfanos, viudas, desaparecidos, vidas truncadas. Y se tratara de enumerarlos la lista sería interminable. Las páginas de los periódicos amanecen teñidas de rojo, un rojo profundo que nunca alcanza a llorarle a los más de 7 mil muertos, que van hasta el momento durante la gestión del Gobernador Mario López Valdez.

Lina Alonso Castillo

 

Aunque Ceguera es un palabra que se ha colmado de una lucidez tremenda, el caso de Europa frente a los refugiados e inmigrantes sólo puede compararse con una pesada venda de olvido que devuelve al viejo y enfermo continente a los años de barbarie y horror, a un tiempo cada vez más servicial con el poder y la muerte. Vale la pena entonces recordar un texto certero y audaz: “La gran migración” (Alfaguara, 1992) de Hans Magnus Enzensberger. Un texto que  con más de veinte años recuerda en treinta y tres reflexiones una condición renegada al oprobio y el castigo para traspasar los límites invisibles de la tierra, hacerse acreedor de un pasaporte de vagabundo y portador de equipajes desprovistos de patria y  propiedad. Habla del inmigrante como del ciudadano universal de la historia.

Rocío García Rey

 

El próximo diciembre de este 2016 se cumple el centenario de nacimiento de Elena Garro (1916-1998). Tal hecho ha suscitado en algunas universidades y centros culturales, el interés por rescatar su obra. En esta ocasión me uno a dicho trabajo para recordar y comentar uno de los cuentos de la autora. No, en este caso no me voy a referir a “La culpa es de los tlaxcaltecas”, cuento señero de la autora. Este texto tomará como base, “Las cabezas bien pensantes”. Se trata de un cuento que forma parte del libro Andamos huyendo Lola, publicado en 1980.

Adán Echeverría

 

Algunos aullidos luego de Ginsberg y Maldoror

En el principio todo era el grito, y para poder entenderse se convirtió en palabra. Sobre esa palabra, que llamamos lenguaje, surge la comunicación apropiando la naturaleza como símbolo. La poesía es oralidad. De ahí el equívoco del término Poesía Sonora, al performance donde algunos gruñen como cerdos, pían como aves, y desde la guturalidad tienen pretensiones de ser los poetas que se creen percibir.

Adán Echeverría

 

¿Qué nos ha dejado la lectura de estos 12 autores nacidos en el sureste de este ombligo de la luna entre 1975 y 1996? Esperanza, libertad, diversidad, pluralidad. Un espacio para el reconocimiento de compartir las existencias. Reconocer al otro en el texto creativo. Porque es en la expresión escrita en donde la palabra dejará pasar el tiempo. Y es el tiempo el que al final pondrá en su lugar a todos los autores.

La península yucateca, es una planicie kárstica resultado de la meteorización de estas rocas calcáreas en que se sitúa el verde espacio de la selva subtropical. Los climas que nos brindan la vegetación permite que la mirada en una época viaje sobre paisajes verdes, lo mismo que para el espacio de los amarillos, cafés, y cálidos naranjas en que nos vamos presintiendo. Y desde Palizada, en lo más occidental de Campeche, hasta Chetumal, bajando por el Mar Caribe, y en aquellas islas que rodean la península, el universo es vasto. Sobre esta vastedad miran los ojos de los autores que nos abren el pecho y la pluma en esta ocasión. Y desde esa riqueza en que se distribuyen plantean sus esperanzas de comunicar el pensamiento, mediante la palabra escrita.

José Ángel Leyva

 

Umberto Eco afirma, con mucha razón, que el tonto del pueblo tiene voz en los espacios cibernéticos como lo puede tener un Premio Nobel. Y sí, las redes sociales abren espacio a los imbéciles, como lo hacen los celulares o móviles y uno escucha en el espacio público las conversaciones más banales que se pueda imaginar. Todos quieren ser vistos y escuchados, desde el vendedor ambulante y el empleado más humilde hasta el Ministro de Estado. La tecnología democratiza la estupidez. No hablamos, gritamos. El espacio público, como internet, se ruralizan y cada quien, sobre todo en sociedades menos reglamentadas y corruptas como la nuestra (México—puede ponerse el país de su elección), la trasgresión y la imposición de verdades individuales son norma de la selva.

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