Tequila y Vodka. Whisky

 

¿Por qué te fuiste?

¿A quién carajos le importa?

Simplemente te largaste sin decir adiós.

¿Hace cuánto tiempo te fuiste?

Eso tampoco importa, podrían pasar mil días y nadie volvería a tocarme como lo hiciste tú.

Hoy, como otras noches, he llegado a la barra del bar más que cansado, derrotado, humillado; como un hombre que sólo se tiene así mismo y que, aún así, no vale nada. He Llegado para hundirme en este banco al sentarme, fijando mi atención en el sabor de ese vaso que me hace recordarte, bebiendo a mares del que ayuda a olvidarte. El hombre de la barra no ha querido saber de mí, no me hace plática, ni me sonríe pretendiendo ser empático conmigo; únicamente llena mis vasos cuando éstos se vacían en mí como alguna vez lo hicieras tú en la intimidad de nuestra habitación.

Y aquí estoy yo, tratando de recordar todos tus besos para, ¡por fin!, olvidarlos uno a uno; cuando, sin hacer el menor ruido, en el banco de junto, un hombre de corbata, con nudo flojo y barba de tres días, se sienta. Levanto la cara y sus ojos se encuentran con los míos. A modo de saludo, me sonríe con la misma sonrisa gasta y vieja que yo traigo en mis labios rotos.

--Hola –digo al verlo sentado muy cerca de mí.

--Hola –contesta y me tiende su mano. La estrecho.

Silencio.

Un largo, largo silencio.

--¿Me dejas invitarte un trago? –pregunta con timidez.

--¿Por qué no?

--Whisky, dos por favor…

El hombre de la barra sirve los tragos y los coloca frente a nosotros.

--Daniel –me presento, levantando mi whisky y lo inclino hacia él.

--Santiago.

Escucho atento su nombre, olvidándome el tuyo y brindo con él, por gusto de conocernos.

Numero actual

Portada BM 1 (3).jpg