Marinero, hazte a la mar

Por Lazlo Moussong

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Marinero, Marinero / mero mero maromero / afiánzate en el timón / no lo guíes al alimón. ¿Por qué no avanza el barco? El barco, de por sí, ya viene podrido. El casco corrompido por tantos prístinos parásitos adheridos a lo largo de 70 años, y ahora por más y nuevos parásitos que comen pan y a nadie dan. El barco hace agua, marinero. Nadie te dijo que semejante navío sólo podía hacerlo a la mar un verdadero capitán, y tú no quieres aprender que el timón lo mueve uno solo, pues marinero y marinera timoneles, pronto lo echarán a pique.

            Ahora ves las consecuencias de llegar a timonel, con título de capitán, sin más mérito que las jactancias y mentiras que creíste suficientes para navegar viento en popa. Te enojaste cuando se te preguntó: ¿Qué cartas náuticas consultó?, ¿dónde está su cuaderno de bitácoras?, ¿ya leyó el anuario de mareas?, ¿conoce el almanaque náutico para orientar el barco? Sólo viste a periodistas de mala fe detrás de esas preguntas y los culpaste de no permitirte gobernar la nave.

            Reconozcamos que en cuestión de hacer nudos marinos nadie te gana; experto eres en nudos gordianos de los que no se sabe ni dónde empiezan ni  dónde acaban, y admira la frecuencia con que produces nudos en la garganta a los pasajeros del barco. Ya llévalo a reparar al astillero, te dicen, te gritan, te suplican los viajantes, y ahí diseña la ruta que no tienes; sin embargo, tú te empeñas en que el barco flota de maravilla y tu tripulación es la mejor que ese barco ha tenido en su historia. Ahí está el teniente Usabiaga que la pasa arando en el mar, el tte. Cerisola que se desentiende de las tormentas mientras charla con los pelícanos, el tte. Barrio, por tres años dedicado a pescar peces gordos con un cordel, un anzuelo y un pedacito de pan, y para qué seguir.

            Te dedicas a tapar hoyos con pan, materia que se vuelve aguada y blandengue, y quieres ocultar inútilmente los nuevos agujeros que continuamente se abren. Llevas el barco al garete, golpeado por las olas a babor y estribor, por la izquierda y la derecha. Presumes del amplio calado del barco, pero lo que te parece calado no es sino la línea de flotación ya muy por abajo del agua; llevas la popa por delante y la proa detrás; el velamen se te ha despedazado, y a tu barco  sólo le quedan la vela mayor del trinquete, la cangreja que lo induce hacia atrás, la escandalosa que se ostenta arriba de la cangreja, y los juanetes y los velachos por eso de los cuates y los amigochos.

            En mala hora te hicieron marinero y no escuchas las voces de los pasajeros arrepentidos. En vez de asumir la capitanía, quieres vender los motores dizque para quitarle lastre al barco, y las calderas están a punto de reventar por la inmovilidad de la nave. Juegas peligroso juego de piratas: Escojan viajantas y viajantos: ¿motín o los arrecifes que nos esperan en el país del norte?

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