“Conversatorios” El eco de las voces de una misma Frida

 

Por Eduardo Gautreau de Windt

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Conversatorios del escritor mexicano Juan Pedro Hernández Osuna, es una obra sobre Frida Khalo, una mujer que desafió a su tiempo, rompió esquemas e impuso una visión y estilo de vida. Ícono en el arte, en lo sexual y en lo personal, Frida, aún hoy estaría fuera de época, pues es una mujer que trasciende a todas las épocas y las normas establecidas, siendo ella: solo Frida.

Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón, nacida en Coyoacán, México, en 1907 y fallecida en el 1954, en el mismo lugar y casa donde nació, es considerada por los críticos como la artista mexicana más conocida en el mundo, y la pintora (femenina) latinoamericana mejor cotizada, figurando, en general, entre los más destacados de todos los tiempos en el mundo. Su arte desbordó los linderos de la plástica hasta abarcar el diseño de ropas, zapatos y accesorios para el vestir femenino; el diseño y la elaboración de piezas de artesanía y, porque no decirlo, como parte de ese arte, el montaje, permanente y continuo del performance  que hizo de su propia Vida, con su cuerpo, su rostro y su accionar, a tal punto que las fotografías de su imagen constituyen una colección tan rica e importante, como su propias pinturas; y creo que, junto a la icónica foto del rostro del Che Guevara, el rostro de Frida, es el segundo más utilizado, como símbolo identitario en el mundo de lo latinoamericano. Fenómeno que crece a medida que se revalora su mítica imagen, su labor y aportes en pro de la construcción de lo nuestro

Ser de pasiones infinitas, su vivir fue intenso, refugiándose tempranamente en su mayor pasión, la pintura; medio por el cual curó parte de sus heridas y apaciguó sus dolores, esos múltiples dolores que le infirió la vida. De tal manera,  se expresó por medio de los trazos y vívidos colores que surgían de su inquieta e insaciable alma, incomprendida en su época, por la mayoría de quienes le rodeaban, e incomprendida, aún hoy, por parte de la humanidad.

Tanto en el arte, como en su vivir, auténtico, transgresor y sincero, utilizó todo su yo, tangible e intangible, para expresarse, rompiendo barreras, mitos, tabúes y limitaciones sociales, religiosas, políticas y familiares, en el México de la posrevolución, abriendo senderos en campos donde a la mujer se le impedía, y aún hoy se le cuestiona, transitar. Y para esta pionera labor utilizó su propia condición de mujer, sus tradiciones y su cultura, por eso elevó lo mexicano a los más altos niveles en el mundo, como sus trajes típicos, su tequila y sus colores. Y ese simbolismo de pasiones y muerte, de erotismo y dolor, que ella misma vivía, y que es propio del sentir mexicano, pueblo que canta sus penas y llora sus alegrías, lo representó de manera magistral la pintora, la actriz, la amante y mujer que fue Frida Kahlo. Ella pinta y representa su propia tragedia, y hasta augura su muerte por medio de sus cuadros, donde su misma sangre le da tono a las imágenes sorprendentes y desgarradoras, en su mayoría.

El arte, senda para su búsqueda de identidad y reafirmación, al igual que sus acciones personales, eran fruto de la necesidad de expresión de una mujer que siempre tenía algo que decir. Consciente de sus limitaciones, por sus heridas corporales y afectivas, era un ser en ebullición a quien no le bastó solo las imágenes pictóricas, los matices y sombras de sus pinturas, y como intelectual que era, amante de la literatura, de la historia y la política, le urgía la palabra. Por eso, escribió de manera múltiple y variada, “cartas, recados, mensajes, confesiones, recibos, corridos, solicitudes, protestas, agradecimientos, imploraciones y otros textos más elaborados”. En estos últimos textos, muy cercanos a la poesía, por su forma y su aliento, al igual que los escuetos textos que plasmó en sus pinturas, en complemento de las imágenes, como muy bien estableció Raquel Tibol, la escritora argentino-mexicana que recogiera su primera biografía, encontramos “una tácita autobiografía y (los elementos para) la ubicación de Frida dentro de la literatura confesional e intimista del siglo XX mexicano”.

De todo lo relativo a la palabra hay que destacar su diario, por la riqueza de datos y la utilización de expresiones coloquiales mexicanas, y sus cartas, por la riqueza de su decir y la belleza pasional y poética. Dichas cartas, de las que escribió y mandó varios cientos, tal vez miles, eran su medio preferido e intimista de desnudarse, y en ellas, a mi parecer, es donde se encuentra mejor expresada y más directa su voz, sin el entorpecimiento que pueda crear la interpretación del simbolismo de su obra pictórica.

Conversatorios, de Juan Pedro Hernández Osuna, es una narración escueta, híbrida al igual que Frida, construida en forma secuencial, a manera de un seudo-diario epistolar, en la que el relato, en primera persona, directo, claro y pasional, surge de la propia Kahlo, quien parece poseer al autor para que le dé voz. Y este, con leves matices poéticos, recurre a lo simbólico y con destreza dibujarnos a la mujer rota que fue Frida, ficcionando con lo biográfico y lo histórico para aportar verdades de la mujer de carne y hueso que está detrás del mito. En un estilo de diario confesional, conversacional, pseudo-poético, el yo femenino  que habla se dirige a un tú poético mujer que es objeto de sus deseos, en erotismo sutil y enaltecido, en unos conversatorios epistolares, que deparan en monólogo de una Kahlo que se muestra ante todos tal como es. Con astucia el autor nombra a este tú poético, con quien la Frida de la obra establece sus conversatorios, Raquel. ¿Será esta Raquel, la mencionada y real Raquel Tibol, a quien ella le contó sus memorias, en los últimos meses de su vida, confesándose profundamente, y a quien de manera impulsiva pretendió poseer siendo rechazada? De Raquel no escuchamos su voz, pues solo sirve de excusa para que nosotros leamos las misivas de Frida; así de manera indirecta esta Raquel, la literaria, nos facilita conocer la historia de Frida, al igual que la Tibol, quien consagrando parte de su ejercicio escritural a la vida de la Kahlo, nos permitió conocer en alma y cuerpo la Frida de dolores y pasiones. En la realidad ninguna Raquel figura en la lista de las amantes de Frida Kahlo; es fácil, entonces, concluir que, ambas Raquel son la misma.

Con perspicacia, Hernández Osuna nos reconstruye la vida de la artista y su mundo interior a partir de datos ciertos del personaje histórico, pero agregándole, con la intuición del creador, la parte humana que dimensiona al personaje literario, para que trascienda a su propia historia. En pocos textos episódicos y de brevedad encomiable, el autor nos hila un relato integrado, que nos dibuja a una Frida de carne y huesos, de deseos, de sueños, de sensibilidad y sutilezas; una mujer que, como sabemos, rompió todos los tabúes de su época y las concepciones, juicios y prejuicios a la que ella, como todas, estaba atada. Nos retrata la difícil relación de madre e hija y la complicidad con el padre, las limitaciones para la bipedestación y la marcha que expoliaron a dicha mujer toda su vida. Nos muestra la descarnada soledad, el profundo dolor corporal y espiritual que la azotaba en sus postreros años, en parte, por el abandono y desamor a que la sometió Diego Rivera, su mítico esposo y apoyo. De hecho, llama mucho la atención que en esta obra, Diego, quien fuera el eje de su sino, es el gran ausente, como pasó temporalmente en la vida de la Kahlo, luego de la traición pasional que le jugó con la propia hermana de ella.

El autor, con buen tino, imbrica la cronología de la vida real de la Kahlo, rompiendo su linealidad y secuencia temporal, para armar otra historia que nos cuenta la propia Frida, pero la otra, a la que Hernández Osuna le da voz. Así nos habla en futuro, siendo espíritu,  fantasma, presencia, voz, retornando, en un proceso de regresión,  por la pluma del autor a su antigua vivienda, la Casa Azul, siendo esta ya Museo Frida Kahlo, en donde se pasea libre, a sus anchas, tornándose intemporal, eterna, trascendiendo a espacios, a tiempos, a tabúes y linderos. Así la torna irretenible, inasible, etérea, como en verdad ella fue y como aún es ahora, más que nunca. En algunos episodios invierte la realidad, a manera de espejo, cuando esta le atribuye sentires y pensares a otros personajes, para continuar vaciando su yo de manera indirecta.

Otro recurso literario interesante es la utilización de la escritora George Sand, (pseudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant, 1804-1876, Francia) personaje histórico real no contemporáneo con la Frida histórica, (1907-1954, México) pero con similitudes asombrantes entre ellas; la Sand es  imbuida como personaje referencial para la trama, sin materializarse, siendo objeto e intercambio de deseos con la Frida literaria, mas debe uno percatarse que esto no es más que una identificación de la Frida personaje con la novelista, muy anteriormente fallecida, por medio de la lectura de sus obras, y los deseos compartidos, Astuto ardid del escritor que en Conversatorios superpone dos realidades históricas distintas a través de una realidad ficcional literaria, luciéndose en el uso de estos recursos creativos.

También, en favor de este, debo señalar la sensibilidad reflejada en los textos siendo un hombre que escribe dándole vida y voz a una mujer; de tal manera que Juan Pedro logra una fotografía de Frida reflejando su dolor, sus deseos, sus sentires; exponiendo el ancho y oprimido corazón que latía en su pecho, la rota mujer indomable que destruyó tabúes, desafió épocas, rompió barreras en el arte, en las pasiones y en el vivir, construyendo su historia, su propio mito, su leyenda. De tal modo que, la sensibilidad del hombre que escribe nos desnuda la sensibilidad de la mujer que canta. Sensibilidad espoleada, estimulada y manifiesta a través del dolor y del placer: Frida, la Frida real, a través del placer superó su dolor. El comprender esto nos explica la Frida Kahlo que a través de su erotismo, de sus acciones carnales, se expresó, forjando un vehículo de sublimización más allá de todo lo que pueda considerarse depravado, vulgar, amoral y socialmente controvertido. Considero este uno de los mayores aciertos de Hernández Osuna, reivindicando la humanidad de una mujer criticada y condenada desde su época hasta nuestros días, por algunos, pero seguida, admirada y amada por muchos. Creo, que para Frida, al igual que para muchos otros la sexualidad y la sensualidad eran formas de expresión, comunicación, afecto y arte; algo intrínseco de la Frida total, indisoluble de la Frida pintora, de la Frida actriz, de la Frida escritora y de la Frida mujer, amante y esposa; como también, de la multicreadora, la pensadora, la luchadora en lo social, en lo político y en lo sexual, que aún hoy nos asombra por el alcance universal de sus logros, por su coraje, su inteligencia, su persistencia y sagacidad.

Todo esto y más es Conversatorios de Juan Pedro Hernández Osuna, según las distintas y profundas lecturas que cada uno de los lectores pueda hacer de ella. Y de hecho, afirmo, sin rubor y sin temor alguno, que esta última obra es la mejor de sus tres obras, por el profundo dominio que demuestra de la historia que nos cuenta, fruto de la investigación, por la identificación que se percibe entre él y su personaje, y por el gran acierto en darle voz y humanizar a una Frida Kahlo a la que México, Latinoamérica y el mundo tanto le deben, por sus inconmensurables aportes, siendo ella, como mujer, creadora y  luchadora pionera, de tantas causas difíciles, acercándola más a nosotros, permitiéndonos conocer sus temores, sus dolores y sus pasiones, y el porqué de estas pasiones, logrando con breves pinceladas pintarnos por completo a esta infinita mujer para que la comprendamos, la amemos y defendamos sus conquistas.

Por último, entre Juan Pedro y Frida identifico unos vasos comunicantes para-literarios que facilitaron el proceso creativo, cual un proceso de posesión, y que el autor expone en los epígrafes y los epílogos, donde parece darnos un mensaje personal, críptico y enigmático, como intentando establecer una comunicación particular con la Frida histórica. Y esto no es usual; no es usual que una obra tenga epílogos. De hecho, el último de estos parece ser un diálogo entre Frida y el autor, luego de finalizar la obra:

¿Quién eres? No lo sé. / Quisiera ser / todo lo que tu mirada ve en mí. (David Grossman).

De ahí el título, Conversatorios, pues es un diálogo de múltiples vertientes: entre Frida y Raquel, en la Ficción, reflejo de los reales entre la Kahlo y la Tabor, como su biógrafa, y en lo extraliterario, también, por qué no, entre el autor y las fridas que pudo aquilatar, por medio de su investigación y creación, es decir, la real e histórica y la ficcionada.

Santo Domingo, República Dominicana

10 de diciembre de 2015

 

Eduardo Gautreau de Windt, poeta, ensayista, dramaturgo, narrador, articulista y conferencista. Gestor cultural y productor de teatro y cine. Ha publicado tres poemarios y un volumen de relatos. Ha sido traducido al inglés, al francés y al italiano. La segunda edición de su primer poemario fue transcrita al braille en español. Ha escrito más de 120 ensayos sobre poesía y narrativa; escritos suyos han sido publicados en España, EE UU, Nicaragua y México, además de su país.

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