Luis es hijo de pescadores migrantes de Veracruz que llegaron a Paraíso, municipio de Tabasco el sureste de México. Por sus costas vírgenes y su rica variedad de peces, la comunidad estaba asentada en uno de los brazos de la costa del golfo , donde el desarrollo pesquero y la demanda del centro del país iban en aumento por la calidad de los habitantes acuáticos del mar y rio. Los padres de Luis vivieron y desarrollaron así su estilo de vida, heredándoselo a él. Esta herencia sigue siendo la vida de la mayoría de las familias aquí inclusive la de él.

Los cambios en la comunidad han sido inminentes, Luis, recuerda sus despertares en la madrugada para acompañar a su padre a la rutina de la pesca corta a la que tenía que ir entre semana, salir por el rio, pasar por la laguna hasta llegar al mar abierto, regresar antes de las once para “enfriar” el cuerpo para poder bañarse, comer e ir a la primaria. Por otra parte, los fines de semana eran más pesados, ya que las jornadas de la pesca llegaban a durar sábado, domingo y hasta lunes. Esta rutina le permitió terminar la primaria, la secundaría y la preparatoria, en  las que tuvo que viajar hasta el centro del municipio que le quedaba a una hora de distancia. En esa orilla, todo parecía ir bien.

El sol, el fango del rio, la arena, los amaneceres en la lancha y el olor a pescado fresco, hasta que el complejo que estaba a pocos minutos de su comunidad fue en aumento “El puerto de Dos Bocas” estaba decidido a convertirse en uno de los complejos petroleros e industriales más importantes de toda la república mexicana, cambiando sin lugar a dudas el estilo de vida de todo un estado como Tabasco, prometiendo ofertas de trabajo y estabilidad económica por parte de las compañías de petróleo, creyendo a si mismo en la tranquilidad económica que daría a cientos de familias.

Su crecimiento fue tan grande, que fue rebasado su propio espacio, llegando cada vez más a la comunidad, fue así que el gobierno federal decidió moverlo al otro lado del rio, “reponiendo” casas como fotocopias a cambio de casi todo un estilo de vida, A su familia y a la de sus vecinos no solo le afectó el cambio donde las calles, por la erosión del agua, no tardarían en sucumbir siendo rellenadas cada vez que se pudiera, sino que les costó trabajo acostumbrarse a la nueva ruta para llegar al mar abierto, donde tendrían nuevos límites puestos por la SEMARNAT y por las plataformas petroleras reguardadas por autoridades federales.

Las nuevas condiciones de vida llevaron una primaria y una secundaria en la comunidad, donde la rutina para los jóvenes sería la misma, pero más cercana a sus casas, pero Luis, ya había terminado la preparatoria y la universidad le quedaba entonces más lejos decidiendo ayudar a su padre con la pesca hasta que la lucha entre la supervivencia del rio y la carrera interminable para llegar al territorio a las irillas del puerto para trabajar entre las plataformas y los pescadores fueron cada vez más cansadas.

Con vedas, menos territorio y menos producción era más pesado sostener a la familia, así que Luis decidió incursionar en las compañías subcontratistas donde lo único que se necesitaba era haber concluido la secundaria o la prepa y querer aprender rápido cualquier cosa de soldadura, plomería o albañilería para estar capacitado y poder “saltar” a otra compañía, Las desveladas y las jornadas escolares le permitieron saber aprender e ir de empresa en empresa, viajar, ganar más de lo que ganaría en un mes de pesca con su padre en tan solo sólo una semana.

Eso lo demuestran las cartas de recomendación y reconocimientos colgados que contrastan con  las paredes verdes de su casa, esos que conserva como si fueran retazos de un universitario, como el que no pudo tener.

Así pasó más de veinte años con trabajo seguro, viajes, acondicionamiento multicultural y acoplamiento a nuevas tecnologías. Salía de casa a las seis de la mañana (dos horas después de que su padre saliera a la pesca) mientras los “mechones” que quemaban el gas generado por la producción del petróleo le alumbraban la espera del transporte público, junto con los vecinos que habían decidió “cambiar” sus condiciones de vida, regresaba así de lunes a viernes con la misma luz de los enormes candelabros a sus espaldas, después de las ocho de la noche, excepto los sábados, que era el día en el que se cobraba el esfuerzo en pesos, y era el día donde ya tenía apartada su silla en la cantina de la central de segunda, donde se hablaba de “lo buena” que estaba la encargada de la bodega o de lo “perro” que era “el manchas” “el pelusa” o el supervisor de la obra,

Así también pasaron los cambios en su casa, las fotos muestran como de un piso de tierra y un techo de lámina, pasaron a ser dos pisos con techo de cemento, un jardín con un patio más grande que serviría de bodega para la lancha, redes, cubetas y la camioneta pesquera que conseguiría cooperando junto a su padre, casa que, por supuesto disfrutaría su madre y las labores del hogar.

Paradójicamente el desarrollo de Torno Largo, colindante directo de uno de los puertos más grandes generadores de México iba contrario al del centro del municipio, tal incremento y decrecimeinto como un engrane iba en el centor del municipio que al principio era un pueblo pequeño con dos escuelas públicas y dos particulares, con calles sin pavimentar y con falta de alumbrado, las personas podían tener las puertas de sus casas abiertas porque todos se conocían, después de eso, los bares se incrementaron, la gente empezó a desconfiar entre ellos, los problemas aumentaron, pero ahora se tenía tecnología, calles pavimentadas, dinero girando y diversos negocios no solo de los nativos del municipio, sino de los mismos externos, que traían a sus familias y eran con los que Luis tenía que convivir a diario con la obra.

Así era como vivir ya en “dos mundos” en donde las desigualdades manejaban las estructuras de los dos polos, en Torno Largo, donde las calles pavimentadas eran solo retazos ocasionados por la erosión y el material de baja calidad,  por otro lado la creciente infraestructura del centro donde las calles anunciaban su metamorfosis al asfalto y los terrenos se convertirían en cuarterías y negocios de comida para los foráneos.

Pasaron así “felices” los años 80’s, 90’s y 2000 hasta el 2013, cuando El presidente de México anunciara la “jugosa” reforma energética que “fomentaría” las nuevas tecnologías para el desarrollo del sector energético que “terminaría” así con los sindicatos y “abriría” las  puertas a nuevas empresas nacionales e internaciones a las licitaciones de proyectos para trabajar en el puerto.

Luis, pensó que no le afectaría, ya que en ese tiempo trabajaba en EVYA, compañía nacional de construcción, mantenimiento operaciones marinas y asistencia técnica que trabajaba directa e indirectamente para obras de Petróleos Mexicanos, pero su sorpresa en mayo del 2014 sería destaparía un “fraude” fiscal en el que la compañía a la que trabajaba fuera participe, con varios meses sin sueldo, sobrevivía con la ayuda de la pesca de su padre, los fines de semana en la cantina cada día eran menos, sus amigos foráneos, le contaban como sus deudas con la casera, la señora de la cocina económica y la lavandería crecían, mientras sus familias esperaban su parte de la quincena.

Ya con la nula esperanza, Luis decidió dejar el trabajo ahí, rehusándose a volver a la rutina de la pesca decidió llevar sus papeles a otras compañías, con la expectativa de seguir teniendo el estilo de vida que no solo el se había acostumbrado, sino también toda su familia, tomándose dos meses de asueto donde se reencontraría con los perros madrugadores, las danzas flotantes de los chaquistes y mosquitos antes del amanecer junto con los puntales de café al despedir a su padre a la ida a la pesca, encontró de nuevo trabajo, asegurando entonces, un clavo nuevo donde colgaría su nueva carta de recomendación.

Todo parecía ir bien o por lo menos con la anterior normalidad y tranquilidad de siempre, los enormes mechones despidiéndolo y acogiéndolo por las mañanas y las noches, las visitas a la cantina ahora con sus nuevos compañeros, pero a partir de abril del 2015 los rumores que corrian por el campo de trabajo eran inminentes y más reales que nunca, los recortes de la cartera laboral de  PEMEX y por lo tanto los contratos habían comenzado, es decir, los proyectos y solicitud de trabajadores de compañías iba a ser cada vez menor.

Así el nerviosismo en su trabajo era cada vez mayor, ya que cada semana despedían a dos o tres de sus compañeros, los foráneos daban vueltas con sus papeles, las lavanderías, cocinas económicas y cuarterías se comenzaban a quedar vacías, con deudas y con inversión estancada, los que sobrevivían eran por lo general personas residentes del municipio.

El regreso inminente al mar era más que obvio para la rutina de Luis, se podía leer en los ojos de sus compañeros cada fin de semana al recibir sus “finiquitos”, así en diciembre del 2015, un poco antes de la fecha de recibimiento de su bono de aguinaldo le dieron la noticia que ya sabía iba a llegar algún día y parecida a la de Sixto Rodriguez en su canción “Cause” “Perdió su empleo dos semanas antes de navidad”.

Regresando  a las tardes de hamaca y las madrugadas entre las redes, Luis se prepara el día de hoy, se levanta a las cuatro de la mañana, arregla a sus ayudantes tejidas donde sabe llegarán los peces, toma “un puntalito”  y así con algo en “la panza”  se dirige al lado de su padre y su perro blanco  hacia su lancha  que ya lo espera antes de que salga el sol, para que la jornada sea menos severa.