“No calmes los dragones”, otra obra maestra de Jean-Marc Desgent

Françoise Roy

 

Una de las novedades poéticas del año en traducción es sin lugar a dudas el poemario “No calmes los dragones”, del ya conocido poeta quebequense Jean-Marc Desgent. La versión original, “Ne calme pas les dragons”, se publicó bajo el sello de Les éditions de La Grenouillère en 2014. La versión en castellano, disponible ahora para los lectores en México (traducción mía), es una coedición entre Literalia editores, editorial independiente domiciliada en Guadalajara, y la casa editorial antes mencionada, radicada en Montreal, Canadá, que publicó la versión original en francés. El poemario ya está a la venta en Guadalajara en librerías Gonvill, Gandhi y varias librerías pequeñas de la entidad. Se puede obtener también comunicando con editorial Literalia.  

Jean-Marc Desgent reincide con este poemario de alto vuelo después de haber publicado varios libros bilingües en Mantis Editores y en la UNAM. Poeta multipremiado en su país natal, Desgent nació en Montreal en 1951. Antropólogo de formación, es autor de una obra poética inquietante que ha recibido, entre otros reconocimientos, el Gran Premio del Festival Internacional de Poesía de Trois-Rivières en 1994 y el Premio Nacional del Gobernador General de Canadá, máximo galardón literario canadiense. Ese último le fue concedido en 2005 por su obra “XXIe siècles” que publicara posteriormente la UNAM en traducción, en su versiónbilingüe. El libro figura indubitablemente entre los poemarios más sobresalientes de la poesía quebequense actual. En 2006, Desgent ganó el Premio Jaime Sabines-Gatien Lapointe por el conjunto de su obra traducida al español. En 2005, publicó, en colaboración con el etnólogo Guy Lanoue, un ensayo antropológico auspiciado por el Museo Canadiense de las Civilizaciones, y cuya importancia subrayó el célebre antropólogo Claude Lévi-Strauss, quien acaba de fallecer recientemente. En 2010, Desgent ganó en París el Premio Internacional Antonio Viccaro por el conjunto de su obra. Poeta traducido a varios idiomas, ha participado en conferencias, festivales, congresos y seminarios en una docena de países. El crítico académico François Paré escribió acerca de su poesía que se trata de una de las más conmovedoras y más proféticas de la poesía actual escrita en Quebec.

           

“No calmes los dragones” sigue la poética de libros anteriores, basada en un desmantelamiento y una reconstrucción del lenguaje que se vale de alteraciones de sintaxis. Al hacerlo, el autor introduce en sus versos un efecto de extrañeza y de polisemia. El libro hace gala de símiles perturbadores al ahondar en temas que aúnan lo íntimo y lo social (el desamor, la guerra, la violencia, la culpa individual y colectiva, la muerte de los seres queridos, la identidad, la angustia, lo indecible, la prohibición y el tabú, lo obsceno, el racismo, la soledad, la ausencia, las relaciones de desigualdad y los impulsos destructivos del inconciente). Con economía de palabras y una notable maestría lingüística, Desgent logra crear metáforas poderosas que no dejan al lector incólume. Juntas conforman una estética de lo terrible, como consta en los siguientes poemas que forman parte de “No calmes los dragones”.   

 

Los errantes y la suciedad

 

Mamá papá a dónde van sus fantasmas,

nosotros igual la afasia nosotros no

y no somos en no,

tenemos la mente como muñeca,

de entre sus muslos alguien el improbable,

a veces yo a veces nada,

o un glaciar inmenso que soy que lo cambia todo,

un día aparece uno vacío caja,

mamá papá desaparecen vacío espanto.

La belleza habla del estado cero,

las bestias personales crean la íntima tempestad,

la vida política llora sobre su camino,

enero octubre octubre enero la muerte se hace la inmutable.

Momia el icono de los seres,

comprender qué saber quién,

uno extravía su perro en su mente,

nadie es de sus heridas,

todo escupe su corazón yo sé,

los recuerdos y sus manos automáticas.

 

A, B, C, como el abandono

 

Un crío tan verdadero como un chiquillo militar,

lección de vida lección de guerra,

juega con arena arriba de los muertos:

pala balde castillo,

está apenas en el cielo es como la sal.

Hay que matar para desear,

hay que matar para hablar,

soy el absoluto mas a quien le dispararon lo ojearon.

Los infinitos giran lentamente,

soy su receptáculo obligado,

se hincha la cosa allá arriba en el corazón.


Les doy espacios a los destruidos

los olvidados de nosotros los borrados de sí

sobre las dunas en las llanuras

en los bulevares bellos

donde los árboles se trepan a los árboles

uno cuenta las tristezas

uno ve la muerte mamá por doquier

 

Las estaciones indiscutibles

 

También arranco la vida,

bello corazón negro,

bellos corazón ya de noche,

también arranco la vida,

no te olvido corazoncito adiós,

no eres la velocidad luminosa está rajado aquello,

tú mismo logras morir y es un canto

agotado inmóvil enfermo extra presente,

puente peligro puente de los recuerdos;

yo también cortado,

estoy en una mano salida del cielo.

Revoltijo de objetos abandonados,

miembros de toda índole lo ves;

está la palabra caverna para decir eso,

la palabra amor amigo para callar eso,

la palabra cadáver para comer eso,

es como el dios de los inútiles,

la falla la gran puerta,

la ventana eterna el hocico,

dientes plantados en paisaje monstruo,

sangre leche,

vaciada mamá.

Eso ve el desastre,

es un yo que muerde el hombro,

una enfermedad que sube al cielo,

no toques mi cuerpo se acabó,

tu cabeza perdería tus manos

un espíritu se desliza sobre una piel

que todo lo ve y lo piensa,

habla habla que habla,

el animal hasta el volcán,

bajo la tela/tejido el archi tú que gotea,

cabellos llegan a las tristezas,

vengo a invertirte los senos más redondos que la naturaleza,

pastar el abdomen pacer la ingle,

dónde está la cama dónde los pliegues el olor.

 

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