Marcela Santos de la Peña

 

Nunca pensé convertirme en detective. Ni siquiera lo consideré en aquel momento, cuando todavía podría haber servido de algo. Concentro mis esfuerzos en reconstruir la escena del crimen, cuando ya está todo demasiado lejos: Monterrey queda a 12 horas en camión y mi tía descansa entre los cientos de criptas de algún mausoleo.

Alma Karla Sandoval

Nicaragua 2008. Una docena de mujeres protestan en el Festival Internacional de Poesía que cada año se celebra en Granada. Juntas, organizan un desfile que escandalizó a varios. A la declaración de ese grupo de poetas, narradoras y feministas autónomas, se le llamó La Franja. No había ocurrido aún el golpe de estado en Honduras ni el atroz asesinato de Berta Cáceres, pero aquella resistencia estaba lista, esperando, fatalmente, lo que podría suceder. Recuerdo la posición de varios compañeros poetas que se burlaban de esas mujeres dialogantes y encendidas. Los bardos aseguraban que exagerábamos, que pretendíamos convertir la fiesta de la Literatura en un mitin. Y eso que aún no sabíamos de Ayotzinapa, de la tragedia guatemalteca en un orfanato parecido al infierno.

Carlos Martín Briceño

Siempre he admirado la facilidad que tiene Adrián Curiel Rivera para narrar con tanta soltura. Desde sus cuentos de Unos niños inundaron la casa, su primera publicación en 1999, pasando por su novela futurista A bocajarro, del 2008, hasta llegar a su espléndida Blanco Trópico, recientemente editada, Adrián ha tenido el buen tino de contar y escoger historias que, bajo su aparente sencillez, obliguen a mirar la realidad quesuele esconderse detrás de las apariencias.

Luis Hernández Navarro

 

Faltaba más!, respondía invariablemente Juan Bañuelos, cuando el mesero le preguntaba si quería postre, al tiempo que sonreía con malicia e inclinaba el rostro hacia la derecha. Y añadía, mientras sus ojos echaban pequeñas chispas después de un travieso silencio: yo soy un poeta postrero... Tráigame la tarta de Santiago.

Rolando Muñoz Félix

I

Los recuerdos y el porvenir son dos conceptos diferentes; supondríamos que sí. Es el primer supuesto que encara el lector en el título. Después se convencerá que la autora juega con los supuestos históricos y sociales a fin de dejar el paso libre y limpio a una propuesta literaria que va por el centro, a la que los supuestos le hacen valla y enterarnos que estamos frente a una narrativa original que descollará en el tiempo con la fuerza y energía que Elena quiso darle, para quedarse en el porvenir de las letras mexicanas y latinoamericanas.

Pilar Calveiro Garrido

Personalmente no creo que estemos en un contexto de guerra aunque sí de extraordinarias violencias que es preciso resistir y pensar bajo otras categorías. Las guerras son luchas armadas entre dos o más naciones o entre bandos de una nación, que persiguen la eliminación física del otro, lo cual no refleja la situación del México actual.

 Adán Echeverría


Mucho se ha escrito sobre la obra de Clarice Lispector por lectores especialistas, y sin embargo, aún este año 2017, su obra no es tan leída en México como la de algunos otros narradores y narradoras del sur del continente americano: Cortázar, Borges, Allende, Quiroga, Onetti, Donoso; el idioma en que ella escribió (portugués), pudiera ser esa barrera para que su obra no haya llegado a todos los rincones de México, país desde donde escribo, desde mediados del siglo XX, como la de los autores mencionados. Sin embargo hay que reconocer que otros muchos autores en lengua portuguesa sí son leídos: Eça de Queiroz, Saramago, Pessoa, pero no Lispector. Repito, Lispector no es tan leída en México como debiera serlo (y no hablo de lectura academicista, ni de lectores de manga ancha, que seguro la conocen, sino de las lecturas que deberían hacer los jóvenes lectores, los que trabajaban en oficinas, los que busca la lectura para entretenerse y se apuran en las ferias de libro para acceder a los libros que se recomiendan), porque el poder que ha otorgado a su pluma, bien vale una revisión sesuda de todo su trabajo.
Nacida en Ucrania en 1920, y llevada al Brasil de apenas dos meses de edad, han hecho que su obra como su vida sea totalmente sur americana; vivió su infancia en la ciudad de Recife, como ella misma dejara escrito en uno de mis cuentos favoritos, titulado "Felicidad clandestina", un cuento en donde la niña lectora narra la emoción que le causa, y siente, por la posibilidad de tener ya en su manos el objeto de su deseo: un libro de Monteiro Lobato, "un libro para quedarse a vivir con él".

Hermann Bellinghausen

*

Cual aves de mal agüero los policías entran a los cafés. Se ponen anchos, como los zanates en los parques. Ocupan espacio con sus chamarras y chalecos antibalas. A los presentes les entran ganas de cambiar de rama, bajan la voz, aguantan vara. Unos mejor se pasan a otra fonda.

   Las patrullas afuera, estacionadas.

Ricardo Sevilla

El jovencito Paul Claudel es un poeta ateo, glotón y altanero. Durante su adolescencia lee con admiración a Baudelaire, y cuando conoce a Rimbaud se deja embelesar por la lectura de Une saison en enfer. En lo que se refiere a cuestiones estéticas, le agradan las expresiones sofisticadas y, lo más pronto que puede, corre a buscarse un lugarcito entre los discípulos de Mallarmé.

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