Tres sorbos de café (para leer en voz alta)

 

 

Tres Sorbos de Café

(para leer en voz alta)

César González 'Chico'

 

Primer Sorbo

 

… J. C. estaba convencido de la existencia de los extraterrestres… no sólo estaba convencido; le daba a su argumento el tono sabio y místico, casi irrefutable que le imprimía a su voz cuando quería enseñarte algo que te convenía saber… sin importar si el tema era la música, el arte en general o los extraterrestres, J. C. sabía todo o casi todo al respecto…

 

… me contó que una noche, había subido a la azotea de su casa para desbloquear su mente luego de horas y horas de intentar componer algo sin éxito… se quedó mirando al cielo estrellado cuando de pronto, allá lejos, una luz parpadeó tres veces… unos minutos después la misma luz, un poco más cerca, tres veces más… cuando el parpadeo se repitió, ahora casi sobre su cabeza,  J. C. bajó a su casa y trajo consigo una lámpara para corresponder al cortés saludo espacial con tres flashazos, mismos que fueron respondidos desde el cielo con varios parpadeos luminosos pero ahora de distintos colores… cuenta J. C. que no recuerda cuánto tiempo estuvo intercambiando mensajes de luz con el cosmos, pero que cuando se dio cuenta casi había amanecido, la luz con la que habló se había extinguido y las baterías de su lámpara se habían agotado… sin demora bajó a su estudio, tomó su guitarra y compuso de principio a fin y sin hacer corrección alguna, una de sus obras más brillantes…

 

… un día llegó a clase cojeando y con el brazo en cabestrillo… me contó sonriente que había subido al Tepozteco el fin de semana y que las energías cruzadas que pasan por allí le habían afectado terriblemente una pierna y un brazo, pero que había valido la pena… incluso me mostró una foto en la que aparece posando con un magnífico paisaje detrás y sendas bolas de luz cubren su codo y su rodilla… al parecer logró bajar del Tepozteco sin problemas pero esa noche lo asaltó un dolor tan insoportable que le impidió dormir… en ese estado quiso tocar la guitarra pero el dolor no se lo permitió, de modo que tomó lápiz y papel pautado y así sin que mediara el instrumento, compuso toda la noche hasta que le descasó el alma y el cuerpo se apagó por sí solo… al amanecer J. C. había compuesto una suite para varias guitarras o alguna genialidad semejante…

 

… jamás he pensado, ni por un minuto, que J. C. me estuviera tomando el pelo y creo de principio a fin, siendo el escéptico que soy, cada palabra de lo que me contó… no sólo porque era mi querido maestro, sino porque ninguna de sus historias es contradictoria respecto a la mística que lo envuelve, al genio que es y al artista generoso que ha sido siempre con sus alumnos y con la humanidad…

 

… personalmente no me consta que los extraterrestres existan aunque tampoco me consta lo contrario… yo aprendí de J. C., mi querido maestro; que para quienes se dedican a crear y a agregarle belleza al mundo; sin importar de dónde venga, siempre habrá una luz…  

 

Segundo Sorbo

 

… simulacro, minuto de silencio, bandera a media asta, discurso oficial, placa conmemorativa… sólo eso queda… una ciudad a la que ya no le caben en el rostro tantas cicatrices y que si no fuéramos tan pero tan desmemoriados, sabríamos explicarle a cualquiera que viniera de lejos que allí había un café, acá un edificio, aquí una escuela, aquí cierto árbol, más allá una tiendita, una calle, un balcón, un parque… y podríamos, si no fuéramos tan pero tan desmemoriados, llamar por su nombre a los novios que se conocieron en ese café, a los viejitos que vivieron toda la vida en ese edificio, a la niña que se iba de pinta de esa escuela sólo para sentarse en la banqueta bajo cierto árbol… a la señora de la tiendita que siempre se llamó así, la señora de la tiendita, y que abría puntual a las siete de la mañana, al panadero que recorría la calle en su triciclo, a la muchacha que se asoleaba en el balcón, y a dos sombras que se besaban todas las tardes en el parque… si no fuéramos tan pero tan desmemoriados, seguiríamos rascando los escombros con las manos hasta encontrarlos, seguiríamos gritando sus nombres, buscándolos; y seguiríamos levantando el puño para pedir silencio cuando creyéramos  oír sus voces bajo los restos del café, del edificio, de la escuela, del árbol, de la tiendita, de la calle, del balcón y del parque… pero no… preferimos la desmemoria, el simulacro, el minuto de silencio, la bandera a media asta, el discurso oficial y la placa conmemorativa… y preferimos seguirle llamando cicatriz a todo lo que alguna vez tuvo nombre…

 

Tercer Sorbo

 

… Rafael caminó con dificultad por lo que quedaba de la calle que había conocido hace muchos años cuando recién llegó a México con su familia… venían huyendo de la dictadura chilena y se habían salvado por los pelos de ser asesinados… cuando aterrizaron en la ciudad gris y hostil que iba a ser su hogar de ahora en adelante -si hogar podía llamársele al crudo exilio- venían con lo puesto, como los supervivientes de un naufragio…

 

… la calle estaba irreconocible y sólo había pilas de escombros por todos lados, camiones militares, ambulancias, casas de campaña, gente yendo y viniendo en un tráfico de hormigas acarreando piedras, víveres, muebles desvencijados, montones de ropa, cobijas… había temblado hacía ya dos semanas y los supervivientes intentaban rescatar de ese otro naufragio lo poco que quedaba de sus vidas, sus vivos y sus muertos…

 

… — hay que ir a buscarlos Rafa, se los debemos le había dicho Paula, su mujer… y Rafa estaba allí buscándolos… lo había intentado desde el primer día pero los milicos no lo habían dejado acercarse… aquella calle era una de las zonas más devastadas de la ciudad… se detuvo frente a las ruinas del edificio que tan bien conocía y que parecía haber sido mordisqueado por un lagarto gigante… por todas partes faltaban pedazos de la estructura y los grandes boquetes dejaban ver el interior de los departamentos… el edificio estaba inclinado a la izquierda recargado precariamente en el edificio contiguo… Rafa miró hacia arriba intentando reconocer el departamento 36, el de Marco y Lucía, el que fue su tabla de salvamento durante tantos meses luego del naufragio y de la huida…

 

… — sólo puedo ofrecerles la sala para que duerman… el departamento es pequeño y una recámara es la mía y la otra es de mis hijos… hay un solo baño así que vamos a tener que organizarnos muy bien, ¿entendido?…

 

… — sipo, contestó Rafa en voz baja…

 

… la bienvenida de Marco no había sido particularmente cálida… después de todo era sólo el amigo de un amigo de un amigo, que se había visto comprometido por alguna razón a recibir a los chilenos sin saber muy bien en lo que se metía… le habían dicho que serían solamente unos cuantos días que al final resultaron 298, casi diez meses… casi todo el año 74…

 

… todo fue muy complicado por supuesto… tener a cuatro chilenos viviendo en la sala de tu departamento de interés social, en el que apenas cabían tú y los tuyos, era una maniobra de logística complicada… Paula no había podido ir al baño en muchos días porque le daba vergüenza… Rafa se levantaba a la madrugada para ser el primero en ocupar el baño y salir a la calle a buscar trabajo… los primeros días iba con la ropa que le había prestado Marco y que, como aprendió a decir, le venía guanga…

 

… los niños desde luego, fueron los primeros en adaptarse y ambas madres se sintieron muy enfadadas cuando escucharon a sus hijos decir por primera vez chingón esto, chingón aquello, weon por acá y weon por allá…

 

… con Paula y Lucía tampoco fue difícil… ambas, mujeres prácticas e inteligentes decidieron comenzar con el punto en común: la cocina… la empatía llegó a tal grado que en el departamentito de interés social se comía la mitad de la semana en mexicano y la otra mitad en chileno…

 

… con Marco y Rafa no fue tan sencillo… Marco era de muy poco hablar y parecía enfadado todo el tiempo y aunque Lucía les explicó que él ya era así antes de su llegada, Marco y Rafa conservaban al paso de los meses una cordial distancia… buenos días, buen provecho, muchas gracias, buenas noches…

 

… y entonces vino el Mundial del 74… Rafa había quedado de reunirse con otros chilenos exiliados para ver los partidos, y como Marco se encontraba huérfano de su fanatismo futbolero porque la selección mexicana no clasificó, Rafa y sus amigos lo nombraron automáticamente hincha honorario de la selección chilena… varias veces llegaron mamados, hasta arriba de tinto, de cerveza y de tequila, entonando a coro canciones futboleras aunque Chile nunca ganó ningún partido… y así la cordial cortesía se fue transformando de a poco en buenos días weon,  pásame la sal culero, buenas noches güey, descansa yunta…

 

… habían pasado más de diez años de eso y allí, frente a las ruinas del edificio, Rafa recordó que la despedida tampoco fue espectacular… un abrazo prolongado, un beso, cuídense, esta es siempre su casa, nos vemos pronto, sigamos en contacto, lo que necesiten… sin embargo, en ambas familias se percibía el profundo alivio que sentían de que cada quien se fuera por fin para su casa…

 

… Rafa consiguió trabajo, alquiló un departamento, los hijos de ambas familias  crecieron y estudiaron y todos siguieron sus vidas como si nada hubiera pasado y nunca más se vieron…

 

… — hay que ir a buscarlos Rafa, se los debemos le había dicho Paula, su mujer… y Rafa estaba allí buscándolos…

 

… los encontró bajo una carpa cercana… ella sentada en una mecedora como si estuviera en la sala de su departamento, pero con la mirada perdida hacia un horizonte que ya no estaba allí… él en camiseta y pants, acomodando las pocas cosas que había logrado salvar…

 

… Marco sintió unos pasos que se acercaban por detrás suyo pero no se volvió… estaba demasiado cansado… y cuando escuchó una voz que le decía con un acento inconfundible,  —weon, sólo puedo ofrecerles la sala para que duerman… el departamento es pequeño y una recámara es mía y la otra es de mis hijos y  hay un solo baño así que vamos a tener que organizarnos muy bien, ¿entendido?, y escuchó su propia voz contestar  —sipo;  Marco supo con toda certeza que quienes esperaban, los habían venido a rescatar al fin de su naufragio…

 

 

  El poso del café


... el optimismo en estado puro siempre me ha parecido sospechoso... yo soy un pesimista esperanzado...

 

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